Reflexiones de un café filosófico

Hace poco participé en un café filosófico en Buenos Aires porque dio la coincidencia que tuve que viajar y el tema de ese día era más que interesante para mí: "Cómo identificar maniobras desleales en la argumentación". Según la conductora era la primera vez que se abordaba el tema y más adelante se seguiría con otras cuestiones afines sobre la teoría de la argumentación.
El grupo está bien organizado, se respetan los horarios, y se discute mediante una reflexión conjunta bajo la sombra tutelar del antiguo ideal del diálogo filosófico. Una hora de ilustración sobre el tema, breve intervalo y otra hora de diálogo abierto.El tema estuvo bien encarado tomando en cuenta las principales y más populares falacias de nuestro tiempo pero a la hora del debate percibí una noción del hombre puramente lógico, sin emociones ni creencias de ningún tipo. Lo que de por sí constituye una de la falacias mayores de nuestra sociedad.
Uno de los participantes tomó como ejemplo de falacia el hecho que si bien la Iglesia a través del Papa había pedido perdón después de 500 años por las ideas de Galileo, por otro lado no se había expedido sobre la infalibilidad papal. Como novato al café no quise entrar en polémica.
El argumento parte de la hipótesis de que el dogma de la infalibilidad papal se refiere al hecho científico y no a razones de “mejor conveniencia” en determinado tiempo. Hace 500 años el rechazo a la idea de Galileo preanunciaba que ciencia y fe no necesariamente irían siempre de la mano.
Hoy, la ciencia nos conmueve con la creación de seres ( ¿ humanos ? ) a pedido del cliente, relegando sus recaudos de aplicación a fanáticos religiosos o meros oscurantistas que pretenden desviar el objetivo científico.El dogma de la infalibilidad papal no es menos fuerte que el dogma, al cual me adhiero, de creer que una buena argumentación nos hará mejores pensadores y comunicadores de ideas.
Esta consigna la considero como un dogma de fe, porque no es fácil convencer al mundo su razón lógica, ya que la realidad nos sacude cada día con argumentaciones falaces que convencen multitudes, triunfan y ganan votos por doquier.Un pregunta del debate se refería al grado de certeza que se le da al diagnóstico médico.
Hubo reflexiones de todos los colores y quedó en evidencia una falacia muy difícil de combatir: confundir idoneidad con amistad, parentesco o simpatía. Esta falacia es la responsable de los dichos “más vale malo conocido que bueno por conocer”, “no se si sabrá, pero le tengo confianza”, “como sufre lo mismo que yo, me dará lo mejor” y otras frases por el estilo. Por supuesto que si el amigo, pariente o simplemente conocido es a la vez idóneo en la ciencia que requerimos, estamos en el mejor de los mundos, pero admitamos su diferencia y tendremos menos dolores de cabeza a la hora de decidir.
Autor: Rafael O. Fontao, académico de la Universidad Nacional del Sur

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home