Vamos a hablar de "desarrollo"
Rosa E. Llugdar ha pedido al diario santiagueño "El Liberal" la publicación de este trabajo. Como tantas otras veces, el periódico respondió afirmativamente a la solicitud de esos enormes ojos verdes.Los estados ‘occidentales’ suelen referirse a ellos mismos como ‘desarrollados’, y catalogar al resto del mundo, como mucho, como estados ‘en vías de desarrollo’. También se suele suponer que el modelo actual del libre mercado capitalista trae más desarrollo. Pero analizando la situación del Planeta y la evolución socioeconómica de los mismos estados occidentales, no se puede negar que algo va bastante mal.
Las desigualdades aumentan de forma insostenible, los derechos laborales y sociales son cada vez más recortados en nombre del libre mercado, el cambio climático deja sentir las primeras -aunque todavía suaves- consecuencias, la salud de la población sufre claramente de un estilo de vida poco saludable, la violencia física y psíquica dentro de la sociedad aumenta, etc. Si las sociedades occidentales realmente fueran desarrolladas y avanzaran en ello, ¿por qué hay que trabajar cada vez más en condiciones peores para poder comprarse una vivienda? (Para la gran mayoría de las personas, ya hacen falta dos sueldos y un préstamo de al menos 30 años para poder pagarse una vivienda, cuando hace 20 años, con un sueldo era suficiente.)
Si realmente estamos avanzando, ¿por qué los coches, los electrodomésticos y otros aparatos duran cada vez menos?
Hablar de desarrollo es bastante complicado, porque no es un término científicamente medible. Lo que es desarrollo para unos, no necesariamente lo es para otros.
El IDH (Índice de Desarrollo Humano) elaborado por el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) es un indicador muy discutible de lo que es o debe ser considerado como desarrollo humano. Parece más elaborado para confirmar la tesis de que los estados occidentales son desarrollados y siguen avanzando en ello, que ser de verdad un índice de desarrollo.
El IDH mide el grado de escolarización, la esperanza de vida al nacer y la renta per cápita de los estados. Cada uno de estos factores cuenta una tercera parte y son calculados sobre la base del promedio estadístico. (Si dentro de un grupo, 1 persona posee 10 manzanas, y las otras 9 personas no poseen ninguna, según la estadística, en este grupo hay 1 manzana per cápita.)
El IDH por lo tanto no toma en cuenta la desigualdad en ingreso, y si lo hiciera, un estado como EE.UU., bajaría drásticamente en este listado del desarrollo humano según el IDH. Por ejemplo, en un cálculo basado en las cifras del año 2000, se muestra como EE.UU. baja de la 6ª a la 18ª posición si tomamos en cuenta la desigualdad.
En el Estado español la renta per cápita es de 19.472 dólares (cifra del 2000). Pero, el 10% más pobre de la población, solo dispone del 2,8% del ingreso, mientras el 10% más rico dispone del 25,2%. La renta per cápita para el 20% más pobre de la población sólo es de 7.223 de dólares. Comparando con un país como Eslovenia, considerado ‘menos desarrollado’, vemos que el 20% más pobre de la población dispone de un ingreso más elevado que en el Estado español: 7.849 dólares. Pero también si hablamos del grado de escolarización, podemos preguntarnos si las escuelas tal como existen en el mundo occidental y cada vez más presionadas para que se privaticen, son garantías de un desarrollo integral de la persona que incluya lo creativo, lo emocional y lo espiritual.
Para hablar del nivel de desarrollo de los diferentes estados, me parece que existen otros indicadores más relevantes que los utilizados por el PNUD. La lista de indicadores que sigue no pretende ofrecer ningún ranking de estados más a menos desarrollados, ni ofrecer ningún modelo matemático. Sólo pretende contribuir a que se piense. Criterios para medir el desarrollo de una sociedad: La convivencia dentro de la sociedad; la convivencia con las otras sociedades; el desarrollo económico; el nivel de salud integral de la población; el nivel de democracia del Estado; la justicia y la aceptación de las normas básicas; el cuidado del entorno medioambiental y el gasto militar.
Cabe acotar que la perversidad como síntoma del subdesarrollo occidental ha llegado a tal nivel que se ha dejado en manos de unas pocas multinacionales, sólo preocupadas por sacar el máximo beneficio financiero sin ninguna norma ética, la libertad y el poder de decidir sobre la vida y muerte de la mayoría de la población mundial.
Son las multinacionales que deciden quiénes tienen el derecho a recibir tratamiento médico o quiénes no. Según Intermón, dos mil millones de personas en el mundo no reciben el tratamiento médico adecuado por culpa del precio de los medicamentos establecidos desde los monopolios otorgados por los gobiernos a las multinacionales. Y como si fuera poco, en los últimos meses, una multinacional ha recibido la patente (y por ello el monopolio) sobre una semilla de maíz del tipo ‘terminator’. Eso significa que es una variedad de maíz estéril. Los campesinos no solamente serán obligados a comprar cada año las semillas, sino, por el efecto comprobado de la contaminación entre diferentes cultivos, la semilla terminator irá contaminando cultivos nativos de maíz, con el peligro de exterminar las especies nativas de maíz.
Reconocer la patente (y permitir el uso de la semilla) significa en realidad que los gobiernos (por ejemplo, de Europa y EE.UU.) han otorgado a una empresa el derecho de determinar quién podrá alimentarse y quién no podrá.



