Voces regionales en las I Jornadas del CIEC
Luis E. Di Marco ofrece este resumen conceptual de lo vivido en las Jornadas cordobesas convocadas por el CIEC.Desde el Brasil y en base a su realidad sociopolítica, se ha señalado en el Encuentro de agosto la enorme extensión territorial y su vastedad en materia de recursos naturales. Se observa la injusticia en términos de equidad social. Entre las razones se cita la concentración extrema de la estructura de la propiedad de la tierra. Y así Brasil está muy por debajo de buena parte de los países de la Región en términos de logros sociales. Abunda el analfabetismo, la desnutrición, la falta de acceso a la asistencia médica. Sucede que el país está dominado por una “élite” y con instituciones asociadas al capitalismo internacional que insiste en modelos importados, divorciados con la realidad pobre del Brasil. Y cuando surge un gobierno que busca revertir semejante cuadro, surgen dificultades impuestas por tales grupos, y ello por el poder económico que detentan, muchas veces con la complicidad de los medios.
Desde Chile se apunta a que la historia de América Latina está marcada por la búsqueda constante de respuestas y alternativas de solución a los conflictos sociales en un marco de crisis política, económica, social, ambiental. Mientras tanto, setenta y dos millones de hermanos latinoamericanos viven en pobreza extrema y sufren las secuelas del hambre, el analfabetismo funcional sigue siendo un problema relevante, aún no superado... Cada vez más la educación es un negocio y no un derecho básico para los niños y jóvenes de nuestra región, y se sigue obligando a las comunidades indígenas a desplazarse de sus territorios de origen. El neoliberalismo ha sido marginal al beneficiar sólo a ciertas “élites”, con el consiguiente despojo a la mayoría de los ciudadanos; ha generado un proceso de cambio sin solucionar problemas como la pobreza critica, la mala distribución del ingreso, los abusos laborales y el exterminio de los pueblos indígenas. Se han agudizado graves problemas ecológicos.
En contraposición surge nuevamente el populismo en América Latina como una respuesta a la pobreza, desigualdad y desesperanza. Y goza de gran consenso dada su capacidad de adaptación a las diferentes realidades: se presenta ajeno al poder tradicional y promete perspectivas innovadoras. Sin embargo, para muchos sociólogos, historiadores y politicólogos, el populismo latinoamericano se vincula a liderazgos individuales, partidos políticos débiles, falta de consolidación democrática. Para muchos economistas se relaciona con una política macroeconómica generadora de inflación y déficit fiscal, además de asociarse a políticos que buscan un amplio apoyo de las masas para llegar al poder.
Para algunos líderes europeos los sistemas políticos de América Latina, son regímenes totalitarios que ponen en peligro valores como la libertad, la dignidad de la persona y la democracia. Frente a esta disyuntiva está la necesidad de respuestas claras y objetivas basadas en la investigación social y económica que oriente a disminuir o erradicar los fracasos y riesgos expuestos, sin sesgos partidistas ni colectivos. Este es un motivo más que suficiente para que los científicos sociales—economistas, filósofos, historiadores, sociólogos, politicólogos—autoridades democráticas, funcionarios, toda clase de líderes, aúnen esfuerzos para incentivar encuentros, jornadas y debates latinoamericanos sobre la dimensión olvidada del desarrollo, formación de capital y ética, para crear conciencia social de nuestra realidad, para construir unidos y responsablemente proyectos sociales.
Desde Cuba se estima que la crisis generalizada del llamado “consenso de Washington” y el surgimiento de gobiernos de fuerte origen popular—dirigidos a rescatar la soberanía nacional, las riquezas naturales, el patrimonio étnico-cultural, las funciones políticas, sociales y económicas de los Estados—marcan una era con definidos sesgos sociales que apuntan al desarrollo sostenible de América Latina. Se trata de privilegiar al ser humano en justicia y equidad, a una reinserción internacional, donde priven los ideales del Humanismo Económico tan claramente expuestos en estas Jornadas vía los ensayos expuestos.
La reciente concreción de la Cumbre presidencial del Mercosur en Córdoba (Julio de 2006), y proyectos como el Alba, “Alternativa Bolivariana para las Américas” impulsado desde Venezuela, Bolivia y Cuba, señalan el camino nuevo del Hemisferio Occidental. Justamente, el ALBA impulsa proyectos concretos que conducen a una integración alternativa por su ética, principios, objetivos y métodos, centrados en el ser humano—sujeto y objeto del desarrollo sostenible. Y ello, vía la inserción participativa con equidad, conducen realmente a la segura liberación de la dependencia en temas clave como la salud, la educación, la vivienda, la energía, el petróleo, el agua, el medio ambiente.
Hay, pues, razones para el optimismo: estas I Jornadas Internacionales organizadas por el Centro de Investigaciones Económicas de Córdoba con la presencia de tan destacados pensadores del Continente latinoamericano son el claro signo de un cambio estructural perdurable. Mejor todavía, lejos de los coqueteos políticos, la reflexión intelectual de las Jornadas permite señalar que los Humanismos Económico y Tecnológico quedarán definitivamente afianzados: prueba de ello, es la consecución de las Jornadas en los años 2008 (Brasil), 2010 (México), 2012 (Venezuela), 2014 (Chile), 2016 (Estados Unidos). Como vaticinara un grande de América, José Martí, lo haremos “con todos y para el bien de todos”.
Desde Guatemala se hace la siguiente semblanza. El país se caracteriza por la gran diversidad lingüística, étnica y cultural en una sociedad con muchos contrastes. Existen marcadas diferencias socioeconómicas: hay una extrema concentración de la propiedad. La desigualdad del ingreso, producto también de la concentración del poder, se manifiesta en los elevados índices de pobreza.
Hay, en Guatemala, elevada indigencia que se manifiesta en un ostensible déficit de consumo, altos índices de desnutrición, deficiencias en salud y asistencia médica. En lo sociocultural, se observan bajos niveles de alfabetización y escolaridad, altos déficit de vivienda, deficientes condiciones ambientales, etc.
A ello se suman la baja cobertura y las deficiencias en la prestación de servicios sociales básicos en diversas áreas. De acuerdo con los principales indicadores, Guatemala se encuentra, en suma, entre los países de mayor desigualdad socioeconómica y de más bajo desarrollo humano en la región; ello afecta en mayor medida a la población rural del país, a los pueblos indígenas y a las mujeres.
Todo se mantiene por la persistencia de estructuras de exclusión, por las insuficientes tasas de crecimiento económico, por la bajísima carga tributaria, por la ausencia de políticas públicas redistributivas, acompañadas de la falta de voluntad política de los gobiernos y la corrupción generalizada (hay élites sociales con enormes ventajas económicas en detrimento de las mayorías marginadas). Tal realidad es el resultado de directrices neoliberales en la conducción de la economía y la sociedad.
En este contexto, los ideales e instrumentos del Humanismo Económico constituyen referentes básicos para la transformación de la realidad histórico-estructural, y la construcción de una nueva sociedad en Guatemala.
Uno de los objetivos plasmados en las JORNADAS es que los intelectuales de América Latina elaboren estrategias como el Plan Esperanza de la Argentina.
Desde México (con representación de las Universidades de Guadalajara y Puebla), llegaron estas reflexiones. El proceso de mundialización ha impactado vía formas económicas, sociales, políticas y culturales: los modelos de integración son apenas imágenes de dominación. Así, acentúan la pobreza, la competitividad, la migración y nuevas enfermedades, ahondando los desequilibrios ecológicos. Pero existen propuestas novedosas surgidas de la esencia popular en búsqueda de la identidad latinoamericana enmarcada en el sueño de Bolívar y San Martín. Y ello impone que la competencia, por ejemplo, se traduzca en oportunidades reales de desarrollo, y que el avance sea cierto en la consecución del Humanismo Económico.
Y en esto el CIEC, Centro de Investigaciones Económicas de Córdoba, con sus Centros hermanos en la Argentina y en América Latina toda, no están solos. Desde el alma profunda de las naciones, acompañan el “Movimiento de Campesinos sin Tierra” de Brasil; los “Mineros y campesinos” y la “Guerra del Agua” de Bolivia; el “Ejército Zapatista de Liberación” de México; y muchos otros.
Observaciones finales
Existe, pues, un gran empuje para generar un crecimiento sostenido—protagonizado por hombres y mujeres de pensamiento reunidos en las I Jornadas Internacionales de Estrategias Macro desde el Humanismo Económico—basado en una distribución igualitaria del ingreso, esto es, una sociedad de iguales. América Latina es la Región más injusta a resultas de las políticas neoliberales (según el Banco Mundial, la décima parte de los más ricos percibe el 48% del ingreso total de la Región, mientras el 10% más pobre recibe apenas el 1,6%).
Por ello, se busca una integración dentro de la identidad latinoamericana en la construcción del Humanismo Económico. Esto es necesario porque el neoliberalismo ha aniquilado a los más pobres, y a sus esperanzas, pero jamás podrá eliminar la conciencia y el imaginario de una sociedad nueva, solidaria, con equidad social, sin excluídos. Específicamente, crear “Planes Esperanza” en todos los países de América Latina es el comienzo de un capitalismo social que reemplace al esquema existente que, por su olvido del hombre, camina inexorablemente hacia su fin.
Quienes ya trabajaron en el Plan Esperanza, dan su testimonio en estas Jornadas Internacionales. Están presentes la economía solidaria y los disparadores de crecimiento con equidad social—baluartes del Humanismo Económico—vienen de los CIES (Centros de Investigaciones Económicas y Sociales) de Buenos Aires, del Chaco, de Entre Ríos, de Córdoba, de Corrientes, del Comahue, de La Plata, de la Patagonia, de Río Cuarto, de Salta, de San Juan, de Santiago del Estero, de Tucumán. Y con enorme satisfacción se deben mencionar los esfuerzos en la misma dirección desde Alemania, Brasil—CIESBra, Chile—CiesChi, Colombia—CIESCol, Dinamarca, Estados Unidos, Guatemala—CiesGuat; Inglaterra; México—CIESMex., Puerto Rico, y Venezuela—CIESVen., con una diversidad temática formidable, pero siempre en la búsqueda de la nueva civilización, aquella que convocara a los participantes del V Encuentro Internacional de Economía del CIEC, en la Universidad de Buenos Aires, Agosto de 2005.
Tal vez, como se ha sugerido, puede denominarse “socialcapitalismo” al nuevo sistema, pero nosotros preferimos llamarlo Humanismo Económico. Y es así porque, junto a lo estrictamente intelectual, está definitivamente comprometido con el hombre, individuo y sociedad, teniendo también las herramientas para lograrlo (aquellos instrumentos de política elaborados en las 5 Jornadas Nacionales del Plan Esperanza en la Argentina—San Luis, 2001; Córdoba 2002; Santa Fe, 2003; Paraná y Santa Fe, 2004, y ahora en Córdoba, 2006).

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