La deshumanización de las comunicaciones

El Mundo se nos presenta hoy sometido a dos sistemas de fuerzas opuestas.
Por una parte, aquel originado en centros de alto poder político y económico y que se extiende por sobre fronteras nacionales y regionales. Es el mundo globalizado.
Por la otra, en oposición, aquel iniciado en puntos mucho más diminutos, locales. Es generador de comunidades que se estructuran regionalmente. Es el mundo regionalizado.
Proponemos asumir ese escenario y aplicar el esquema descrito para esbozar la naturaleza y la dinámica de los medios contemporáneos de comunicación.
En ese propósito dibujaremos una propuesta abonada por nuestros conceptos del humanismo económico. La intención será agitar la bandera del combate permanente e insoslayable: el de la construcción de la democracia genuina y popular.
Pensamos en difusión como el fenómeno que abraza todas las informaciones del acontecer diario, en el uso de medios audiovisuales.
Consideramos comunidad a toda agrupación de interesados en determinados propósitos. Un club es una comunidad; una ciudad lo es también, así como una religión.
Una comunidad puede mostrar rasgos de permenencia. O puede surgir en una circunstancia dada. Y desaparecer tras la extinción del hecho generador.
Diremos que la comunidad tiene objetivos (o sustentos) identificadores. La comunidad ostenta el sentido de pertenencia de sus miembros. Puede que se creen objetos o ideas que amalgaman lo común. Ese sentido de pertenencia puede darse constantemente o de modo circunstancial (cuando se destacan determinados disparadores relativos a esa comunidad).
Se procura explicar que hay cimientos emocionales en la concreción de una comunidad.
Los medios de difusión pueden llegar a audiovidentes locales, regionales (los que engloban localidades), nacionales e internacionales. En la medida en que su repercusión sea más amplia, más generalizados serán los temas de su interés.
Los mecanismos de difusión se montan hoy en día sobre lo emotivo y lo incierto. Arman sus noticias publicitando situaciones que promueven miedo, angustia, alegría o asombro.
En este razonamiento vamos a procurar dejar de lado la relación de los medios con los factores de poder ajenos al encuadre institucional. No desconocemos que en su mayoría son empresas proseguidoras de rédito. Y cuánta influencia tiene la cuestión en materia de independencia informativa.
Así como la globalización pasa por encima de fronteras y credos, los medios de prensa internacionales pierden su comunión regional y acompañan a las potencias trasnacionales. Su preocupación es reforzar el esquema ideológico que busca legitimar la mundialización.
En sentido contrario existen y se refuerzan las metas regionalistas, tratando de sobrevivir a las imposiciones globales. Se afanan en construir y sostener una identidad que las mantenga con vida.
Este combate se da en regiones inter e intranacionales.
La descripción que intentamos plantea la necesidad de salvar a los medios de comunicación locales y regionales como objetivo de Estado.
Cada comunidad urbana debe tener sus medios audiovisuales. Y estas empresas (públicas o privadas) deben esforzarse constantemente en originar recursos y material de comunicación que se destine a las voces e ideas locales. Y que, a la vez, se entrelacen con las de otras regiones.
Tendrá que proveerse una sustentación genuinamente democrática, regulando los cauces publicitarios en cada localidad para equilibrar poderes vecinales.
Una normativa nacional bien podría servir para capacitar recursos humanos y técnicos a cada uno de los medios, de modo que todas las regiones tengan su vía de expresión equiparable.
La sustancia y la gestión de las comunidades está basada en vínculos genuinos. El proceso abarcativo de su regionalización, también.
La globalización es una imposición que intenta reforzar a los grandes poderes. Se acompaña con mecanismos del consumismo que enseñan marcas y productos por arriba de mapas nacionales.
Los fundamentos del humanismo económico hacen evidente que ni el consumismo ni el productivismo son satisfactores reales: no alcanzan a llenar la vida. Se agotan casi instantáneamente en su deshumanización. La economía es el campo del pensamiento orientado a cubrir requerimientos esenciales del hombre y su sociedad. Tiene que ver con eficientismos y eficacias, con logros empresarios y con mercados ágiles y potentes. Pero más tendrá que vérselas con la urgencia de la democracia: que se produzca bien, que se reparta mejor y que nadie tenga modos de dibujar el destino de un semejante. Y, menos, de una comunidad.
Esta propuesta se presentó en la Jornada del 21 de Agosto, en la Universidad del Salvador, en la sede de su Facultad de Ciencias Económicas. Julio Raitzin es su autor.

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