Red argentina de Centros de estudios interdisciplinarios sobre Humanidad y Economía. Promotores de cinco Encuentros mundiales desde 1991. Coordinado desde el Centro de Investigaciones Económicas de Córdoba, CIEC (http://www.fundacionciec.org.ar).

06 junio, 2008

La crisis. (¿El caos?)


Luis Eugenio Di Marco ha respondido con el texto que sigue a la preocupación del momento:
Cuando hace tres meses se instaló lo que se ha dado en llamar “el problema del campo”, nadie podía imaginar las duras consecuencias del conflicto. El tema es más que una mera disputa que ha trascendido a muchas esferas institucionales —preocupa internacionalmente— y complica la realidad de la economía como un todo.
Desde la tribuna oficial se habla de una deseable redistribución de ingresos. Entonces, bien puede intentarse una reforma tributaria desde la implementación de impuestos directos—que, tal los postulados del Humanismo Económico, promueven equidad, sino también para atender los preceptos constitucionales de federalismo. En esta materia existe una notoria confusión conceptual de la Administración nacional. Por cierto, muchas de estas posibilidades de cambio deben hacerse con el Congreso de la Nación.
Más allá de las razones que pueda tener el Gobierno para no aceptar sus errores—subestimación del financiamiento para sostener los llamados “planes sociales”, el mantenimiento del tipo de cambio, los diferentes subsidios a empresas públicas y privada- se está señalando que el esquema actual implica equilibrio con subsidios directos, y ello sobrevalúa el equilibrio macroeconómico. Al hacer permisible la inflación—posibilitado por mercados subsidiados—, complica la ecuación social.
La experiencia de la política económica muestra que los instrumentos fiscales son mucho más efectivos que los monetarios (como el señalado cambio en la estructura tributaria, sesgada hacia los tributos directos). El mundo globalizado enseña sus propios desequilibrios (como el alza del precio del petróleo) y entonces se impone atender los desbalances en los mercados de bienes y servicios mediante una adecuada política de precios, con instrumentos fiscales capaces de mantener una economía estable.
En suma, junto a razonables negociaciones intersectoriales se imponen fuertes dosis de cordura para que prive la convivencia. Buscar la propia salvación—y esto lo decimos por la preocupación de instituciones como la Iglesia Católica que ha hecho un llamado desde el Vaticano—no parece ser un ancla que salve a la Nación como un todo. Por eso se deben hacer todas las reuniones que procuren un acuerdo entre las partes.