29 diciembre, 2005
25 diciembre, 2005
Globalización: Verdades y Mentiras
Una de las instancias de mayor prestigio académico del VEIE (Buenos Aires, agosto de 2005) fue responsabilidad de Aldo Ferrer. Profesor Titular Consulto de la UBA y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, participó en todos los Encuentros mundiales convocados por Luis Eugenio Di Marco.El autor de “La Economía Argentina” (FCE), traducida a diversos idiomas, señaló: La globalización constituye un sistema de redes en las que se llevan a cabo el comercio, las inversiones, las corrientes financieras, las migraciones y la circulación de información. Es el espacio del ejercicio del poder en el cual las potencias dominantes establecen las reglas de juego que articulan el sistema global. Con las teorías y visiones presentadas como criterios de validez universal, pero que en realidad son funcionales a los intereses del poder central, se manejan los principales mecanismos de la dominación.
Sin embargo, las actividades que se cumplen dentro de cada espacio nacional son sobradamente las más importantes del contexto mundial. Las exportaciones alcanzan a un 20% del volumen mundial producido: el mayoritario resto va a los mercados internos. Las filiales de las empresas transnacionales generan el 10% del producto y de la acumulación del capital fijo: el gran resto se hace por firmas locales y otro tanto de las inversiones se financia con ahorro nacional. Las personas que residen fuera de sus patrias significan el 3% de la gente del mundo: los demás viven donde nacieron.
Es decir, lo de la aldea global es una imagen creada por determinados intereses y es ajena a la realidad.
La globalización no cambió la naturaleza del desarrollo económico. Sigue siendo respuesta a la capacidad de cada país de crear y difundir conocimientos y técnicas e incorporarlos a su actividad productiva y a las relaciones sociales. Es primeramente propio de cada país.
La globalización no es en sí misma buena o mala. Su influencia en el desarrollo de cada economía depende de las vías por las cuales se vincula a las redes de la globalización. El desarrollo requiere que las importaciones y exportaciones guarden un equilibrio en tecnología y valor agregado para que el país pueda aprovechar en su estructura productiva los avances del conocimiento y las técnicas.
El los más recientes doscientos años, las asimetrías crecientes en la suerte de las naciones son resultado del ejercicio del poder por las potencias dominantes pero, en última instancia, dependen de la aptitud de cada sociedad para tomar parte de las transformaciones ocasionadas por la ciencia y la tecnología. Cada país tiene la globalización que se merece.
Los requisitos actuales para el desarrollo son la integración social, liderazgos estratégicos y estabilidad institucional y política de largo plazo. Todo eso acompañado de un pensamiento crítico no subordinado a los intereses de los centros mundiales de poder. Consecuentemente, políticas económicas reforzadoras de la soberanía. También, ausencia de conflictos étnicoso religiosos y de diferencias extremas de ingresos y oportunidades.
Tomando los ejemplos de países en los que el desarrollo se dio satisfactoriamente y que están integrados a la red globalizadora con posiciones de dominio, el Estado fue instrumento esencial regulando mercados, abriendo o cerrando la economía y orientando el crédito. Elevar niveles educativos y promover ciencia y tecnología fueron roles estatales trascendentes en esa historia.
Ferrer expone sobre densidad nacional, identificando a todos los aspectos ya señalados del accionar nacional. Lo diferencia de identoidad nacional, señalado como concepto cultural. Puede darse baja densidad con alta identidad, reflejada en un recomocimiento mundial.
Finalmente, el escitor de “La densidad nacional” indica que la cooperación entre los países latinoamericanos y su integración servirá para fortalecer las situaciones nacionales y adecuar las respuestas a la globalización contemporánea.
21 diciembre, 2005
Kirchner: sin eficiencia ni sentido político
El Centro de Investigaciones Económicas de Córdoba (Fundación CIEC) y la Red de Centros del Humanismo Económico quieren fijar su posición sobre la decisión presidencial en torno al canje de deuda, desde una visión académica de economistas profesionales comprometidos como ciudadanos con la Nación Argentina.Se quiere explicar por qué no comporta ni una decisión eficiente ni tampoco de buena política.
Este 16 de diciembre de 2005 la Administración Kirchner decidió cancelar la deuda externa de (muy) corto plazo, incluso anticipando algunos vencimientos. El monto es de 9810 millones de dólares, y representa apenas el 7% del monto total de la deuda externa que la Argentina tiene con el Fondo Monetario Internacional. Esto se señala para que el hombre común no se confunda: el país, por la medida inconsulta del Presidente Kirchner, apenas va a pagar una parte muy pequeña, buscando un golpe de efecto.
Hemos escuchado y leído a los opinólogos: desde “periodistas especializados” (y otros que no lo son) hasta empresarios, funcionarios y ex funcionarios, pseudos economistas, algunos “dirigentes”. Ciertos colegas (de cuño neoliberal) apenas hablan de lo técnico, entre otras, el serio problema de encaje que tiene el Banco Central ante el vaciamiento de sus reservas monetarias empleadas por el gobierno para el pago parcial de la deuda externa (se va a utilizar el 40% de tales reservas). Y esto es real: puede ser preocupante, a menos que se den resultados favorables en la balanza comercial, y el Gobierno no entorpezca el accionar de los exportadores con impuestos distorsivos. Esto por un lado.
Lo más relevante del equívoco paso dado por el Presidente Kirchner es su lado social. En base al costo de oportunidad ( o costo social) en la jerga de los economistas, esto es, el empleo alternativo—en este caso, de los recursos públicos (es decir, los del pueblo argentino)—, Kirchner, sin miramientos al dolor de la pobreza de más de la mitad de sus conciudadanos, decidió pagarle—sin tener obligación alguna—al rico, al FMI que tanto critica por sus manejos impropios. Inaudito.
¿Cuál es el costo social? Que los casi 10 mil millones de dólares—nada para el organismo citado, mucho para un país pobre como la Argentina—pudo haberse utilizado en el gasto en salud, vivienda, educación, precisamente asignado a los pobres. Hay que reinventar la política económica, poniéndole un sesgo social, reemplazando el clientelismo partidista de los “planes sociales” por la cultura del empleo. Con gente trabajando a salarios razonables (y dignos), la Argentina crece con justicia. El aumento del PBI global no sirve si es para unos pocos.
Pero para estructurar una economía con perfiles sociales se precisa—aparte de un presidente estadista—un (una) ministro de Economía que supere su visión contable por una cosmovisión integradora del mundo, con el hombre en el centro de la sociedad y de la política. El Humanismo Económico que privilegian el CIEC y su Red Nacional de Centros (los 30 CIES de toda la Argentina), proporcionan tal visión, y se encuentra elaborado en su estrategia, el Plan Esperanza, disponible en 3 documentos (producto de las 5 Jornadas Nacionales realizadas desde el año 2001).
En suma, el Presidente Kirchner le ha dado las espaldas al pueblo pobre de la Argentina. Y al hacerlo ha olvidado las enseñanzas de su partido que, como enseñan sus propios mentores, se alimenta en la doctrina social de la Iglesia católica. Estamos ante una nueva desilusión. Lo hecho por Kirchner no tiene retorno. Desde el CIEC, desde la Red de Centros del Humanismo Económico, bregamos por una sociedad con el rostro del hombre sufriente de la Argentina. Y como profesionales de la Ciencia Económica, afirmamos con toda responsabilidad que nuestra alternativa—la del Plan Esperanza—es científica y técnicamente posible. Su viabilidad, además, pavimenta el camino hacia una nación solidaria, fraterna, con un futuro promisorio.
Una nación soberana, donde los que deciden miren al interior de su pueblo, de los pueblos de América Latina, para echar las bases definitivas y firmes de la gran Patria soñada por los Padres Fundadores de la Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, México, Paraguay, Venezuela, Uruguay, y los países todos de nuestra América Central y del Caribe. Las reglas de la Economía no se deben disociar del destino social: los economistas—quienes son de verdad graduados como tales—no son máquinas de hacer modelos, de “cerrar” cuentas, sino seres pensantes, ciudadanos de una nación, con un fuerte compromiso humano. Por eso sueñan con desterrar la pobreza antes que pagar al FMI por sus recetas erróneas, una deuda calificada de ilegítima por un grande del Brasil—Celso Furtado— (e inexistente según lo demostrado en una investigación CIEC de hace más de 25 años).
Se trata de crear la Patria común de los indoamericanos. Lo uno y lo otro es viable; lo uno y lo otro comportan un sueño realizable.
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Quien redactó este informe, Luis Eugenio Di Marco (foto superior), Director del CIEC (por él fundado en 1975) y Coordinador Académico del Plan Esperanza (la estrategia macroeconómica y social del Humanismo Económico que se elabora desde el año 2001), es Ph. D., Economics, University of California, Berkeley, 1974, y Doctor en Economía, Universidad de Córdoba, 1969. Profesor de Economía de la Universidad Nacional de Córdoba por concursos de títulos, antecedentes y oposición oral en 7 cátedras, habiendo dictado otras 2 paralelas, y profesor visitante de universidades argentinas y extranjeras. (
17 diciembre, 2005
Entusiasman Proyectos para el 2006
Lucho Di Marco pide la difusión de este mensaje:Como resultado del VEIE, y dada la gratificante presencia latinoamericana, se decidió convocar para los días 17 y 18 de Agosto de 2006 las I Jornadas Internacionales de Estrategias Macroeconómicas desde el Humanismo Económico.
Se espera la presencia de académicos y profesionales de todo el país—los setenta investigadores involucrados en el Plan Esperanza y los de los países hermanos de Chile, Colombia, Bolivia, Brasil, Ecuador, México, Perú, Paraguay, Venezuela y Uruguay.
La idea es analizar las perspectivas de estrategias sesgadas hacia el Humanismo Económico. Se trata de buscar los puntos de contacto que pongan en funcionamiento recomendaciones con la fuerza conjunta de los pensadores latinoamericanos.
La experiencia del Plan Esperanza muestra la justificada urgencia de un planteo conjunto. Inicialmente se reunirán los estudiosos de las distintos países, para luego interesar a todos los actores (los del sector privado, trabajadores y empresarios, y los del sector público). También se espera la presencia de funcionarios y técnicos de entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo y de Universidades de nuestra América Latina.
Será una actividad más que exploratoria, y se aguardan macroestrategias que puedan ser el “despegue” definitivo de las economías regionales. Además se elabora una metodología común que abone el mejor camino para otras políticas originables en cada uno de los países involucrados.
Actualmente el CIEC está identificando los interlocutores internacionales—son los profesores-investigadores que presentaron ensayos durante el VEIE (10-12 Agosto de 2005, con trabajos incluidos en Hacia la Nueva civilización ; Córdoba: Ediciones CIEC, 2005). También los contactados durante reuniones globales, como la sesión celebrada en Buenos Aires, conmemorativa del 40 aniversario del INTAL- BID y el Coloquio realizado en Aracaju, Sergipe, Brasil en Noviembre reciente.
La propuesta avanza sin prisa pero sin pausa.
Las Jornadas se realizarán en la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF), Santa Fe, Argentina.
¡Noticias que entusiasman!!!... Como todas las que surgen de propuestas de este magnífico promotor de conductas.
14 diciembre, 2005
Los wichis: un ejemplo del abandono a los nativos

"Nos vamos quedando sin agua y sin bosque", dicen. "Peces no nos faltaban. Ni agua. Ahora apenas tenemos una canilla pública para veinte familias", lamentan. Los wichis de Misión Esperanza, una comunidad aborigen en medio del Impenetrable, son solo algunas de las víctimas del desmonte del Gran Chaco. Una zona de diversidad biológica (conviven siete ecosistemas diferentes) y cultural que está sufriendo los efectos del monocultivo de la soja, la especulación financiera, el manejo irracional de los recursos y las severas sequías. Hace más de seis meses que no llueve, un hecho sin precedentes en los últimos ochenta años. La región geográfica denominada Gran Chaco Americano tiene una superficie de más de un millón de kilómetros cuadrados que comparten Argentina, Paraguay y Bolivia. Su ubicación resulta estratégica dentro del continente: es fuente de riquezas en recursos naturales y une las cuencas del Atlántico y el Pacífico.En Chaco ya se llevan desmontadas, en la zona oeste, unos dos millones de hectáreas, la mitad de las cuales fueron abandonadas. Por la desertificación, empiezan a ser superficies yermas debido a que, arrasado el bosque, el efecto de esponja del suelo se pierde, el agua pasa de largo y los acuíferos desaparecen. Los campesinos, criollos y aborígenes, se ven obligados a emigrar a las grandes ciudades, ocupando sus áreas conurbanas en búsqueda de soluciones, y solo encuentran servicios colapsados.
Nicolás García es wichi y vive junto con su mujer y once hijos en la ribera del río Bermejito. Para él, como para tantos otros, la amenaza es concreta: "Siempre nos alimentamos del bosque y de la "marisca". Ahora no tenemos agua. Sobrevivimos gracias a la miel", dice. Las topadoras y los exfoliantes solo benefician a los que más tienen, y representan el modelo ‘ganador’. Los pequeños productores necesitan hacer un manejo distinto, en sus pocas hectáreas pueden controlar naturalmente las malezas, hacer cerramientos con pasturas subtropicales bajo los montes, conservar así los nutrientes del suelo y tener posibilidades de otorgar valor agregado a los productos que obtienen. A raíz de los talleres de producción impartidos por el grupo de Estudio sobre Ecología Regional nació la cooperativa Mujeres y alimentos.
La mayoría de las familias de Ibarreta (Formosa) fueron hipotecadas por la revolución productiva de Menem, perdieron todo en remates del Banco de Formosa, pero se unieron y lograron parar muchas injusticias. Tienen microemprendimientos en panadería, pastas, hierbas aromáticas, miel, dulces, costura. La gente empieza a darse cuenta de la felicidad que representa tener un dinero que no sea de planes sociales. Producen en forma solidaria alimentos que permiten vivir dignamente. A pesar del desmonte y de la soja. A pesar de todo.
06 diciembre, 2005
Nosotros, ejemplo de desigualdad
La amiguísima matemática santiagueña Rosa E. Llugdar ha escrito para esta página:
Recientemente el Banco Mundial difundió un estudio sobre la situación de los países de América Latina respecto a la desigualdad de sus habitantes, tanto dentro como entre países. El informe del banco llegó a una conclusión que todos sabemos: el continente enfrenta enormes desigualdades con escandalosas situaciones de pobreza y marginación. Un ejemplo alarmante al respecto lo encontramos en Honduras, donde un 75% de la población vive con menos de 2 dólares al día.
El informe presenta además una serie de comparaciones con los niveles de equidad y pobreza en otras regiones, con datos muy interesantes, y que obligan a mirar con más humildad algunos de los llamados casos "exitosos" en América Latina. Nuestro continente es el que presenta la mayor desigualdad en el mundo. Incluso con respecto a África o el cercano Oriente, América Latina presenta el más alto índice de Gini (un indicador de la inequidad). En los años 90, el África subsahariana, por ejemplo, mostraba un índice de Gini de 47, contra 49,3 en América Latina. La diferencia aumenta si consideramos áreas más desarrolladas.
El informe encontró que no solo la histórica desigualdad de ingresos (y por lo tanto de consumo) en América Latina se sigue manteniendo, sino que se ha incrementado en las tres últimas décadas. Sin embargo uno de los aspectos más llamativos del reporte es que se verifica una tendencia a la convergencia de la desigualdad. Por un lado, en la mayoría de los países considerados, la desigualdad ha aumentado, y por otro, en los históricamente más desiguales, como Brasil y México, se redujo un poco, pero para converger hacia niveles comunes con el resto, en niveles que todavía son muy altos.
América Latina avanza hacia una ironía de igualdad en la desigualdad. La región presenta en promedio en la década de 1990 un valor de 49,3 en el índice de Gini, una cifra nada alentadora si tomamos en cuenta que con respecto a la llamada "década perdida" de 1980 solamente mejoró la inequidad el continente en medio punto porcentual. Esa desigualdad no solamente es mala en sí misma, sino que entorpece la disminución de la pobreza. Existe una relación directa entre estas dos variables: a mayor desigualdad mayor pobreza.
El deterioro de la igualdad se puede ilustrar con el caso argentino, donde a comienzos de la década pasada, el índice de Gini para el ingreso per cápita de los hogares era de 44,7, mientras que a finales de los 90 la desigualdad aumenta llegando al valor de 52,2. Recordando que la desigualdad aumenta al acercarnos al valor 100, Argentina aparece como uno de los países que más ha sufrido este fenómeno. Incluso Uruguay, que más de una vez se lo presenta como ejemplo, empeoró levemente de 44,2 a 44,6. Otro tanto ha sucedido con Venezuela. Estos países se caracterizaban en el pasado por ser los más equitativos del continente, y paradójicamente son los que han resultado más afectados por el aumento de la desigualdad.
Sólo cinco países mostraron mejorías: Brasil, México, Honduras, Paraguay y República Dominicana. En el caso de Brasil y México esos indicadores disminuyeron levemente; el primero pasó de 61,2 a 59, mientras el segundo de 55,9 a 54,6 en la década de 1990. Sin embargo si se considera la distribución del ingreso por grupos equivalentes al 10% de la población, se observa que en Brasil, en 1990 el decil con los menores recursos recibía el 0,8% del ingreso, y apenas aumentó al 0,9% en el 2000. Los casos de Venezuela y Argentina son nuevamente llamativos, habiendo disminuido el porcentaje de participación de los respectivos deciles más pobres (1,7% a 1,3% en el caso de Venezuela y desde 1,8% a 1% en Argentina).
La desigual distribución del ingreso generado en estas economías, no hace sino profundizar las diferencias dentro de las sociedades. Si bien la educación ha ido universalizándose en los países de América Latina, esto ha conducido muchas veces a un emparejamiento “hacia abajo” en la calidad de la educación, perjudicando a quienes menos recursos tienen. Las clases más pudientes (que suelen ser blancos) optan en general por la educación privada, separándose cada vez más en su instrucción. A su vez, los mercados laborales se caracterizan por exigir niveles más y más altos de educación, lo que pone en evidencia que la formación primaria e incluso secundaria no son suficientes en comparación con la educación universitaria. Es decir que la brecha en este sentido continúa siendo amplia, y de mantenerse esta tendencia va a ser muy difícil lograr la convergencia.
Los niveles de educación a su vez determinarán la inserción laboral y el salario. Por ejemplo, considerando el nivel de instrucción en Brasil es donde se observa la mayor desigualdad entre los salarios de quienes tienen alto y bajo grado de instrucción. En el 2001 dicha relación alcanzó 6,5 veces. Otros países que muestran altos valores para esta relación son Chile 5,2, mientras que en Colombia y Nicaragua se alcanza un ratio de 4,7.
Claramente casi todo el mundo encuentra escandaloso este nivel de desigualdad. El estudio del banco presenta el resultado de las encuestas donde más del 80% de la población de los países de América Latina considera injusta la distribución del ingreso. Pero buena parte de esa población tiene fuertes responsabilidades, en sus valores y prácticas, en mantener esa marcha constante hacia la desigualdad. Es un drama que se repite una y otra vez desde hace años, donde siguen habiendo mucho mas diagnósticos como los del Banco Mundial, y pocas medidas concretas de solución, como las que reclama la gente.
El informe presenta además una serie de comparaciones con los niveles de equidad y pobreza en otras regiones, con datos muy interesantes, y que obligan a mirar con más humildad algunos de los llamados casos "exitosos" en América Latina. Nuestro continente es el que presenta la mayor desigualdad en el mundo. Incluso con respecto a África o el cercano Oriente, América Latina presenta el más alto índice de Gini (un indicador de la inequidad). En los años 90, el África subsahariana, por ejemplo, mostraba un índice de Gini de 47, contra 49,3 en América Latina. La diferencia aumenta si consideramos áreas más desarrolladas.
El informe encontró que no solo la histórica desigualdad de ingresos (y por lo tanto de consumo) en América Latina se sigue manteniendo, sino que se ha incrementado en las tres últimas décadas. Sin embargo uno de los aspectos más llamativos del reporte es que se verifica una tendencia a la convergencia de la desigualdad. Por un lado, en la mayoría de los países considerados, la desigualdad ha aumentado, y por otro, en los históricamente más desiguales, como Brasil y México, se redujo un poco, pero para converger hacia niveles comunes con el resto, en niveles que todavía son muy altos.
América Latina avanza hacia una ironía de igualdad en la desigualdad. La región presenta en promedio en la década de 1990 un valor de 49,3 en el índice de Gini, una cifra nada alentadora si tomamos en cuenta que con respecto a la llamada "década perdida" de 1980 solamente mejoró la inequidad el continente en medio punto porcentual. Esa desigualdad no solamente es mala en sí misma, sino que entorpece la disminución de la pobreza. Existe una relación directa entre estas dos variables: a mayor desigualdad mayor pobreza.
El deterioro de la igualdad se puede ilustrar con el caso argentino, donde a comienzos de la década pasada, el índice de Gini para el ingreso per cápita de los hogares era de 44,7, mientras que a finales de los 90 la desigualdad aumenta llegando al valor de 52,2. Recordando que la desigualdad aumenta al acercarnos al valor 100, Argentina aparece como uno de los países que más ha sufrido este fenómeno. Incluso Uruguay, que más de una vez se lo presenta como ejemplo, empeoró levemente de 44,2 a 44,6. Otro tanto ha sucedido con Venezuela. Estos países se caracterizaban en el pasado por ser los más equitativos del continente, y paradójicamente son los que han resultado más afectados por el aumento de la desigualdad.
Sólo cinco países mostraron mejorías: Brasil, México, Honduras, Paraguay y República Dominicana. En el caso de Brasil y México esos indicadores disminuyeron levemente; el primero pasó de 61,2 a 59, mientras el segundo de 55,9 a 54,6 en la década de 1990. Sin embargo si se considera la distribución del ingreso por grupos equivalentes al 10% de la población, se observa que en Brasil, en 1990 el decil con los menores recursos recibía el 0,8% del ingreso, y apenas aumentó al 0,9% en el 2000. Los casos de Venezuela y Argentina son nuevamente llamativos, habiendo disminuido el porcentaje de participación de los respectivos deciles más pobres (1,7% a 1,3% en el caso de Venezuela y desde 1,8% a 1% en Argentina).
La desigual distribución del ingreso generado en estas economías, no hace sino profundizar las diferencias dentro de las sociedades. Si bien la educación ha ido universalizándose en los países de América Latina, esto ha conducido muchas veces a un emparejamiento “hacia abajo” en la calidad de la educación, perjudicando a quienes menos recursos tienen. Las clases más pudientes (que suelen ser blancos) optan en general por la educación privada, separándose cada vez más en su instrucción. A su vez, los mercados laborales se caracterizan por exigir niveles más y más altos de educación, lo que pone en evidencia que la formación primaria e incluso secundaria no son suficientes en comparación con la educación universitaria. Es decir que la brecha en este sentido continúa siendo amplia, y de mantenerse esta tendencia va a ser muy difícil lograr la convergencia.
Los niveles de educación a su vez determinarán la inserción laboral y el salario. Por ejemplo, considerando el nivel de instrucción en Brasil es donde se observa la mayor desigualdad entre los salarios de quienes tienen alto y bajo grado de instrucción. En el 2001 dicha relación alcanzó 6,5 veces. Otros países que muestran altos valores para esta relación son Chile 5,2, mientras que en Colombia y Nicaragua se alcanza un ratio de 4,7.
Claramente casi todo el mundo encuentra escandaloso este nivel de desigualdad. El estudio del banco presenta el resultado de las encuestas donde más del 80% de la población de los países de América Latina considera injusta la distribución del ingreso. Pero buena parte de esa población tiene fuertes responsabilidades, en sus valores y prácticas, en mantener esa marcha constante hacia la desigualdad. Es un drama que se repite una y otra vez desde hace años, donde siguen habiendo mucho mas diagnósticos como los del Banco Mundial, y pocas medidas concretas de solución, como las que reclama la gente.


