Red argentina de Centros de estudios interdisciplinarios sobre Humanidad y Economía. Promotores de cinco Encuentros mundiales desde 1991. Coordinado desde el Centro de Investigaciones Económicas de Córdoba, CIEC (http://www.fundacionciec.org.ar).

27 octubre, 2006

Aire: Sufriendo junto a los españoles

El pasado mayo, todo un ex–vice-presidente norteamericano como Al Gore se estrenaba como protagonista en Cannes de un documental acerca de los efectos del cambio climático, "An Inconvenient Truth".
En el mismo, a modo de resumen de sus más de 1000 conferencias sobre esta cuestión, Gore analiza de forma vehemente las repercusiones del efecto invernadero, elaborando un mensaje central: el cambio climático es el problema más grave al que se enfrenta la humanidad. Terminado el festival de Cannes, se daban a conocer en España los últimos datos acerca de las emisiones de gases efecto invernadero (GEIs) contabilizadas por el Ministerio de Medio Ambiente para la industria.
España emite cerca de un 53% más de GEIs que en 1990, alejándonos cada vez más de los límites suscritos por el Protocolo de Kyoto relativos a un 15% en relación a los niveles de 1990. Con esta información España se consolida como el país industrializado que más incumple el protocolo de Kyoto, hecho que, cuando se agoten los plazos de adecuación y los mecanismos flexibles, pasará factura en términos de sanciones y multas al estado español por el no cumplimiento de los acuerdos suscritos a nivel europeo e internacional.
Las razones que explican estos incumplimientos sistemáticos son muy diversas y las responsabilidades se difuminan hasta llegar a cada uno de nuestros enchufes, por lo que la solución cooperativa al problema se plantea realmente como una tarea difícil. No obstante, a modo de resumen, desde el punto de vista macroeconómico, la clave de la cuestión radica en las respuestas que da la economía a impulsos de la demanda final.
Junto a otros factores como el agotamiento de recursos naturales, la desaparición de especies o la pérdida de calidad ambiental de nuestros ríos y mares, las emisiones de GEIs son un asiento contable más en los saldos acreedores que dejamos como deuda a largo para las generaciones futuras.
Esta deuda ecológica está generada a lo largo del denominado “milagro español” producido en los últimos decenios, donde la demanda interna y los fondos europeos han jugado un papel clave en los niveles de crecimiento económico medidos por el PIB o la inversión en formación bruta de capital.
El problema central radica en que la economía española, al igual que la gran mayoría de países desarrollados, descansa sobre una base productiva y energética donde los criterios ecológicos no son plenamente considerados y donde tampoco se realiza una contabilidad ambiental integrada en la contabilidad nacional.
El fuerte impulso de demanda que hemos experimentado gracias a la bonanza económica ha sido respondido por aumentos de capacidad productiva muy lejanos a lo que serían modelos de ecoeficiencia, producción ecológica dentro de la denominada economía sostenible.
Sin ir mas lejos, en relación a la emisión de GEIs, es evidente que la sequía de los últimos años ha dejado K.O. a las hidroeléctricas y las compañías energéticas han tenido que responder ante la creciente demanda eléctrica aumentando la producción contaminante de las centrales de carbón, fuel y gas, aumentando las emisiones que tenían marcadas como objetivo por el Ministerio de Medio Ambiente.
Con un sistema energético menos dependiente del exterior y más diversificado hacia las energías renovables, este aumento de la demanda podría haberse solucionado de forma menos perjudicial para el medio ambiente global. No obstante, toda la responsabilidad no ha de recaer en la respuesta de los sectores productivos a los impulsos de demanda, sino también, sobre los consumidores finales: ¡la demanda eléctrica subió un 57% de 1996 a 2002!.
La era de consumismo desaforado parece realimentarse por la publicidad y el marketing de nuevos productos, no olvidemos que los “responsables difusos” del cambio climatico, es decir, el transporte y el sector residencial, son las responsables del 60% de emisiones a la atmósfera.
El auge de vehículos cada vez más potentes y todo-terreno, así como de los aires acondicionados en viviendas mal aisladas y que no aplican ni los criterios bioclimáticos tradicionales, suponen importantes emisiones por familia y año a la atmósfera.
En realidad, todo lo anterior puede parecernos una “verdad inconveniente” a los oídos de muchos empresarios preocupados por el beneficio, muchos sindicalistas preocupados por el empleo y muchos consumidores preocupados por la calidad de vida.
Pero a todos ellos habría que recordarles que podrían seguir maximizando sus objetivos desde la óptica de la sostenibilidad, siendo el primer paso el de la cuantificación de nuestras decisiones en términos físicos o ambientales y no sólo en términos monetarios.
Como señala Upton Sinclair, “es difícil hacer que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no entienda ese algo”.

En la foto: el rey Juan Carlos I, responsable de España.

23 octubre, 2006

21 octubre, 2006

Tasas chinas

Resulta frecuente escuchar o leer que Argentina está creciendo a tasas chinas.
Ello significa que la producción de nuestro país está aumentando a un ritmo excepcional del orden del 9% de su Producto Interno Bruto (PIB), apenas por debajo de China.
Este desempeño es asombroso si lo comparamos con el promedio de América latina que ha crecido al 4% anual, y mucho más si lo cotejamos con el 2,6% anual de las economías más desarrolladas.
Las cifras son demoledoras en cuanto al crecimiento argentino, aunque si indagamos sobre la calidad del mismo, la respuesta no resulta tan auspiciosa.
No son solo las estadísticas sobre la situación social que reducen la euforia generada por los números del PIB, ya que si bien han mejorado en los últimos años, aún muestran signos de fuertes carencias.
El acento recaerá sobre las características de la producción y el destino material de la misma, ya sea consumo, inversión o exportaciones.
Es por todos conocido que durante el año 2002 el PIB cayó el 10,9%, pero pocos saben que el consumo privado, que está vinculado estrechamente con el bienestar de las personas, cayó un 14,4%. A partir de ese fatídico año, la producción y el consumo privado crecieron a tasas similares, lo que indica que el crecimiento "a la china" no fue suficiente para recuperar esa fuerte caída relativa del consumo.
De hecho, si en el año 2001 el 68,7% de la producción se dedicaba al consumo privado, esa ratio bajó al 66% en 2002 y al 65,7% en 2005.
Esta pérdida de participación del consumo ronda los 19.000 millones de pesos anuales. Los rubros que pasaron al frente fueron la inversión y las exportaciones, aunque mostrando sus debilidades estructurales.
La inversión ha crecido gracias a la construcción, que registra un boom sin precedentes; pero el mayor crecimiento lo ha exhibido el equipo durable de producción, compuesto por maquinarias, equipos y material de transporte, lo cual es auspicioso puesto que forma parte de la que se denomina inversión reproductiva y está vinculada con el aumento de las posibilidades de producción hacia el futuro.
Sin embargo, el componente importado de esta inversión está creciendo aceleradamente, llegando en 2005 a superar a la producción nacional en un 20%, relación que no había llegado tan alto aún en la convertibilidad.
Los ingresos por exportaciones han crecido significativamente en los últimos años, en gran parte debido a la escalada en los precios de las semillas y el petróleo, aunque también se observa un incremento importante en volúmenes; pero las ventas externas se encuentran altamente concentradas en unos pocos rubros como el complejo sojero que genera el 24% de las exportaciones totales, al que se suman los cereales con un 7% y los combustibles con el 17,5%, concentrando estos tres rubros el 50% de las exportaciones argentinas.
Si bien puede esperarse que la soja y los cereales mantengan una demanda sostenida en el futuro, las exportaciones de combustibles se verán comprometidas por la crisis energética.
El sector externo muestra un superávit comercial importante, aunque el rápido crecimiento de la producción y la falta de incentivos de peso para la sustitución de importaciones, ha generado un nivel de compras externas que el año pasado ha equiparado, en volumen, a los mejores años de la convertibilidad.
La producción en general se caracteriza por dos fenómenos, extranjerización y concentración, muy útiles para explicar por qué el crecimiento excepcional del PIB no se generalizó a todos los sectores productivos.
La inversión extranjera directa no se interrumpió con la crisis, y salvo en el año 1993, los flujos hacia el sector no financiero han mantenido un ritmo constante, que incluso se incrementó en los últimos dos años, pero el nivel de utilidades giradas al exterior aumentó en forma tan acelerada, que ha compensado las entradas de capitales.
Si en los mejores años de la convertibilidad (para las empresas extranjeras) como lo han sido 1997 y 1998 éstas enviaron utilidades al exterior por 4.398 millones de dólares, entre 2004 y 2005 giraron la friolera de 6.775 millones, con una característica no menos importante: mientras que entre 1997 y 1998 reinvirtieron en el país cerca de un 30% de sus utilidades, los pasados años solo reinvirtieron un escaso 11,5%, demostrando que su cultura rentística se ha exacerbado.
La encuesta a las 1.000 mayores empresas del país, realizada por el Censo Nacional Económico, resulta de utilidad para observar el funcionamiento de este grupo privilegiado.
Estas grandes empresas aumentaron su porción de mercado del 19% en 1993 al 32% en 2003, mostrando un avance arrollador gracias especialmente a las 100 mayores empresas que integran este grupo y cuyo comportamiento revela la concentración, ya que pasaron de generar el 53,9% del valor agregado de las mil mayores empresas censadas en 1993 al 64,8% diez años después.
Dentro del grupo "de las mil privilegiadas", las empresas manejadas por capitales extranjeros aumentaron su participación en el valor agregado, es decir, la generación de riqueza del grupo, del 50% en 1993 al 80% en el año 2003, evidenciando una aguda extranjerización empresaria.
Finaliza aquí una apretada síntesis que intenta ir más allá de las cifras del PIB para analizar la complicada red de fenómenos económicos involucrados que determinan la calidad del crecimiento, que se encuentra aún muy lejos de un verdadero desarrollo económico.
Fuente: "Acción" (IMFC)

14 octubre, 2006

Proyecto presupuestario nacional 2007

El Presupuesto de la administración pública nacional para 2007 es tan conservador que sus previsiones serán rebasadas, como ocurrió en los últimos años. Con todo, la iniciativa recién enviada al Congreso no hace más que acentuar las inequidades que vienen sosteniendo al modelo socioeconómico.
La solidez fiscal proyectada sigue recayendo en el esfuerzo contributivo de los sectores populares. Mientras, las erogaciones estatales están aún lejos de atender necesidades largamente postergadas de gran parte de la población.
Al desecharse cambios impositivos, los resultados de la AFIP siguen descansando en gravámenes que pagan principalmente sectores de menores ingresos. Tal el caso del IVA; los aportes jubilatorios que realizan los trabajadores y el impuesto al cheque, que afecta en gran medida a profesionales y pequeñas y medianas empresas.
En tanto, continúa siendo relativamente bajo el aporte de Ganancias. Y las retenciones apenas rozan las rentas extraordinarias que embolsan exportadores de granos e hidrocarburos gracias a la devaluación de 2002 y a los buenos precios externos.
Mediante este regresivo esquema, el fisco recaudaría este año unos 146 mil millones de pesos, 13 mil millones más de los que se habían estimado inicialmente. Casi 80% de este exceso fue a parar a distintas partidas de gasto (en particular, obra pública y pago de deuda).
El resto engrosará el superávit fiscal, que terminará siendo de 22 mil millones de pesos en el actual ejercicio (3% del producto bruto y 2.400 millones más que lo previsto).
Para el año próximo se presupuestó un saldo positivo en las cuentas públicas similar al de 2006. Pero todo hace prever que volverá a superar lo pronosticado (algunos estiman que llegará a 24 mil millones de pesos), toda vez que el alza del PBI llegaría a 6% o 7%, en vez del 4% estimado, y eso se reflejará en la recaudación. Estricta justicia.
Del lado del gasto, el Presupuesto 2007 incluirá la llamada "movilidad" previsional, para responder lo dispuesto por la Corte Suprema de Justicia. La suba de 13% en los haberes a partir de enero próximo demandará una partida de 4.100 millones de pesos. Pero podría haber nuevos incrementos en la medida en que se cuente con mayores recursos (algunos analistas señalan esa posibilidad como una "carta" que jugarán las autoridades meses antes del comicio presidencial). Este ajuste en las jubilaciones se presenta como de estricta justicia, dada la extendida postergación para quienes no cobran la mínima, que apenas recibieron un aumento de 11% desde 1992. Pero en rigor, el incremento dista de cubrir lo perdido en ese período. Y ata las futuras mejoras (al igual que los sueldos de los empleados públicos) a las disponibilidades remanentes del sistema tributario.
Una alternativa al respecto, presentada por sectores vinculados con la Central de Trabajadores Argentinos, sería ampliar las partidas jubilatorias a partir de la restitución de aportes patronales para grandes empresas a los niveles vigentes en 1993, año en que Domingo Cavallo comenzó a reducirlos con el argumento de la competitividad privada.
Los economistas neoliberales y grandes empresarios aplauden el colchón de mayores ingresos, garantía de la solvencia fiscal (a la que poco contribuyen los grupos oligopólicos, pese a su mega rentabilidad) así como critican la mayor libertad de gasto sin control del Congreso.
Lo cierto es que el superávit financiero –es decir, la diferencia entre recursos y gastos del Estado, incluyendo el pago de los compromisos con el exterior– se proyectó en 7.134 millones de pesos. Pero si el crecimiento del PBI llega al 6%, como vaticinan consultoras privadas, el Gobierno dispondrá de un excedente de 3.000 millones sin asignación en el Presupuesto 2007. Y con una expansión económica similar a la de este año, de 8%, el saldo extra superará los 6.200 millones.
El presupuesto prevé, sin embargo, seguir reduciendo las partidas para atención de planes sociales.
En la foto: F. Miceli y M.Redrado. El texto base es de "Acción" (IMFC).

08 octubre, 2006

Argerich: Bulle la sangre catamarqueña

Este texto pertenece al profesor F.R. Argerich, un incansable defensor de las posibilidades del interior nacional. Expone, en tribuna que encuentra, el potencial y la doliente historia de su Catamarca.

Mientras los procesos industriales generan mayor utilización de mano de obra—por tanto, un alto valor agregado por unidad producida—también resultan en ingresos aprovechables localmente por la industrialización in situ. La visión del Humanismo Económico implica que los recursos humanos no deben ser evaluados sólo cuantitativamente, sino por las capacidades para desarrollar determinadas actividades—aptitud para trabajar creativamente.

Por cierto, cómo enseñan los economistas, toda planificación debe prever los recursos financieros disponibles para la planificación.

Se debe tener en cuenta que la acción geoeconómica a realizar debe ser prioritariamente social. Lo económico se mezcla con el hombre; no hay una economía pura. También la proyección temporal debe ser racional: no se debe planificar un futuro rico con un presente de miseria. Hay que partir de una base socioeconómica: la economía y lo social son dos aspectos inseparables de una misma realidad. A partir de estas premisas se establecen las prioridades.

Es necesario estudiar las distintas especialidades que integran las prioridades y fijarlas tempo-espacialmente para los proyectos que siempre han sido elaborados partiendo desde los centro de planificación hacia el exterior, con énfasis en el punto de partida. Concretamente, se privilegian la ciudad y el puerto de Buenos Aires dentro de la planificación nacional hacia la periferia; ello la transforma en zona marginal.

Así, el N.O.A—Región del Noroeste argentino—constituido por las provincias de Catamarca, Santiago del Estero Tucumán Salta y Jujuy constituyen en el país la zona gris de la pobreza, la periferia marginal de la Argentina. Y dentro de la planificación regional, Catamarca es marginal en dicha región, esto es, la Provincia resulta marginal de lo marginal. Por eso se propone, ante esta situación y teniendo presente que la planificación debe privilegiar lo social, la planificación debe hacerse desde las zonas periféricas hacia el centro económico, recurriendo a la concepción prebischiana.

Por otra parte, el país ha de planificar sin tener en cuenta las recetas de las otras naciones que integran la macro región, el Mercosur: la planificación sectorial de un país (o sus provincias) debe privilegiar las economías complementarias. Tal el caso del N.O.A respecto al Oeste con salida al Pacifico chileno, y su acceso por los pasos cordilleranos de Jama, Sico , San Francisco y Peñas Negras que van desde las Provincias de Jujuy hasta La Rioja. En forma similar, el Noroeste argentino debe integrarse con los llanos orientales bolivianos de clima tropical por Salta, y con la Bolivia del altiplano por la Provincia de Jujuy y la Quebrada de Humahuaca.

Todo ello en su conjunto debe constituir una importante zona turística, histórica y geográficamente única en el mundo. Se puede dar un turismo masivo globalizado, transformándose en una fuente inagotable de ingresos desde las más diversas zonas del mundo. Y si de privilegiar el Humanismo Económico se trata, también se pueden concebir proyectos comerciales con centros de concentración y distribución establecidos en una red estratégica. Ella asegura la participación igualitaria de todas las áreas marginales con un aprovechamiento equilibrado de los recursos. Ello conduce a una mejora del estándar vital, esto es, mejora ostensiblemente a las poblaciones hoy marginadas de la Argentina, de los países hermanos de Bolivia y Chile.

En suma, la propuesta de política de esta ponencia busca instalar parámetros de justicia social en estricta coincidencia con el Humanismo Económico, objetivo central de las I Jornadas de Estrategias Macro organizadas por el CIEC, Centro de Investigaciones Económicas de Córdoba.

F. Raúl Argerich es licenciado en Historia y en Geografía por la Universidad Nacional de Catamarca, Catamarca, Argentina. Ha ejercido la docencia en institutos secundarios y terciarios de su Provincia natal, ha ejercido diversas funciones públicas, siendo autor de numerosos libros sobre temas históricos y geográficos. Participó del VEIE, organizado por el CIEC en la UBA, Buenos Aires, Agosto 2005, con el ensayo “Catamarca, bisagra tempoespacial en la geoeconomía de América del Sur”.

04 octubre, 2006

Ni derechos ni humanos

Rubén Fiorini, celoso guardián de intereses públicos rionegrinos, recordó este texto del admirable uruguayo Eduardo Galeano

Si la maquinaria militar no mata, se oxida. El presidente del planeta anda paseando el dedo por los mapas, a ver sobre qué país caerán las próximas bombas. Ha sido un éxito la guerra de Afganistán, que castigó a los castigados y mató a los muertos; y ya se necesitan enemigos nuevos.
Pero nada tienen de nuevo las banderas: la voluntad de Dios, la amenaza terrorista y los derechos humanos. Tengo la impresión de que George W Bush no es exactamente el tipo de traductor que Dios elegiría, si tuviera algo que decirnos; y el peligro terrorista resulta cada vez menos convincente como coartada del terrorismo militar. ¿Y los derechos humanos? ¿Seguirán siendo pretextos útiles para quienes los hacen puré?
Hace más de medio siglo que las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y no hay documento internacional más citado y elogiado.
No es por criticar, pero a esta altura me parece evidente que a la declaración le falta mucho más que lo que tiene. Por ejemplo, allí no figura el más elemental de los derechos, el derecho a respirar, que se ha hecho impracticable en este mundo donde los pájaros tosen. Ni figura el derecho a caminar, que ya ha pasado a la categoría de hazaña ahora que sólo quedan dos clases de peatones, los rápidos y los muertos. Y tampoco figura el derecho a la indignación, que es lo menos que la dignidad humana puede exigir cuando se la condena a ser indigna, ni el derecho a luchar por otro mundo posible cuando se ha hecho imposible el mundo tal cual es.
En los 30 artículos de la declaración, la palabra libertad es la que más se repite. La libertad de trabajar, ganar un salario justo y fundar sindicatos, pongamos por caso, está garantizada en el artículo 23. Pero son cada vez más los trabajadores que no tienen, hoy por hoy, ni siquiera la libertad de elegir la salsa con la que serán comidos.
Los empleos duran menos que un suspiro, y el miedo obliga a callar y obedecer: salarios más bajos, horarios más largos, y a olvidarse de las vacaciones pagas, la jubilación y la asistencia social y demás derechos que todos tenemos, según aseguran los artículos 22, 24 y 25.
Las instituciones financieras internacionales, las Chicas Superpoderosas del mundo contemporáneo, imponen la "flexibilidad laboral", eufemismo que designa el entierro de dos siglos de conquistas obreras. Y las grandes empresas multinacionales exigen acuerdos "union free", libres de sindicatos, en los países que entre sí compiten ofreciendo mano de obra más sumisa y barata.
"Nadie será sometido a esclavitud ni a servidumbre en cualquier forma", advierte el artículo 4. Menos mal.No figura en la lista el derecho humano a disfrutar de los bienes naturales, tierra, agua, aire, y a defenderlos ante cualquier amenaza.
Tampoco figura el suicida derecho al exterminio de la naturaleza, que por cierto ejercitan, y con entusiasmo, los países que se han comprado el planeta y lo están devorando. Los demás países pagan la cuenta. Los años noventa fueron bautizados por las Naciones Unidas con un nombre dictado por el humor negro: Década Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales. Nunca el mundo ha sufrido tantas calamidades, inundaciones, sequías, huracanes, clima enloquecido, en tan poco tiempo.
¿Desastres "naturales"? En un mundo que tiene la costumbre de condenar a las víctimas, la naturaleza tiene la culpa de los crímenes que contra ella se cometen."Todos tenemos derecho a transitar libremente", afirma el artículo 13. Entrar, es otra cosa.
Las puertas de los países ricos se cierran en las narices de los millones de fugitivos que peregrinan del sur al norte, y del este al oeste, huyendo de los cultivos aniquilados, los ríos envenenados, los bosques arrasados, los precios arruinados, los salarios enanizados. Unos cuantos mueren en el intento, pero otros consiguen colarse por debajo de la puerta. Una vez adentro, en el paraíso prometido, ellos son los menos libres y los menos iguales.
"Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos", dice el artículo 1. Que nacen, puede ser; pero a los pocos minutos se hace el aparte. El artículo 28 establece que "todos tenemos derecho a un justo orden social e internacional". Las mismas Naciones Unidas nos informan, en sus estadísticas, que cuanto más progresa el progreso, menos justo resulta. El reparto de los panes y los peces es mucho más injusto en Estados Unidos o en Gran Bretaña que en Bangladesh o Rwanda.
Y en el orden internacional, también los numeritos de las Naciones Unidas revelan que diez personas poseen más riqueza que toda la riqueza que producen 54 países sumados. Las dos terceras partes de la humanidad sobreviven con menos de dos dólares diarios, y la brecha entre los que tienen y los que necesitan se ha triplicado desde que se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.Crece la desigualdad, y para salvaguardarla crecen los gastos militares. Obscenas fortunas alimentan la fiebre guerrera y promueven la invención de demonios destinados a justificarla.
El artículo 11 nos cuenta que "toda persona es inocente mientras no se pruebe lo contrario". Tal como marchan las cosas, de aquí a poco será culpable de terrorismo toda persona que no camine de rodillas, aunque se pruebe lo contrario.La economía de guerra multiplica la prosperidad de los prósperos y cumple funciones de intimidación y castigo. Y a la vez irradia sobre el mundo una cultura militar que sacraliza la violencia ejercida contra la gente "diferente", que el racismo reduce a la categoría de subgente.
"Nadie podrá ser discriminado por su sexo, raza, religión o cualquier otra condición", advierte el artículo 2, pero las nuevas superproducciones de Hollywood, dictadas por el Pentágono para glorificar las aventuras imperiales, predican un racismo clamoroso que hereda las peores tradiciones del cine. Y no sólo del cine.
En estos días, por pura casualidad, cayó en mis manos una revista de las Naciones Unidas de noviembre del 86, edición en inglés del Correo de la Unesco. Allí me enteré de que un antiguo cosmógrafo había escrito que los indígenas de las Américas tenían la piel azul y la cabeza cuadrada. Se llamaba, créase o no, John of Hollywood.La declaración proclama, la realidad traiciona. "Nadie podrá suprimir ninguno de estos derechos", asegura el artículo 30, pero hay alguien que bien podría comentar:
"¿No ve que puedo?". Alguien, o sea: el sistema universal de poder, siempre acompañado por el miedo que difunde y la resignación que impone.Según el presidente Bush, los enemigos de la humanidad son Irak, Irán y Corea del Norte, principales candidatos para sus próximos ejercicios de tiro al blanco.
Supongo que él ha llegado a esa conclusión al cabo de profundas meditaciones, pero su certeza absoluta me parece, por lo menos, digna de duda. Y el derecho a la duda es también un derecho humano, al fin y al cabo, aunque no lo mencione la declaración de las Naciones Unidas.
La foto: E. Galeano. El texto fue leído por él al recibir el doctorado "honoris causa" de la Universidad del Comahue, en 2002.